Las tensiones entre Rusia y Ucrania han encendido las alarmas en el ámbito mundial, que hablan abiertamente de la posibilidad de una guerra entre esos dos países, jaleada por los Estados Unidos y por la OTAN que la pronostican y esperan con el ánimo de sacar tajada.
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Cuando en diciembre de 1991 se produjo la disolución de la URSS, las movilizaciones de carácter nacional eran las hegemónicas en las diferentes Repúblicas que componían la Unión.
La escalada en Ucrania tiene una historia que ya lleva casi una década, y que se explica tanto por las particularidades del país, dividido entre un este rusófilo y un oeste pro-occidental, como por el juego de las grandes potencias. Ignacio Hutin, periodista especializado en Europa Oriental, explica las claves principales del conflicto.
Algún día, mucha gente se preguntará cómo la fábula del peligro ruso los pudo engañar tanto tiempo de manera absoluta.
En Europa Oriental estamos asistiendo, por parte de Estados Unidos y sus socios de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) a la más desvergonzada puesta en escena de un clima belicista, contra la federación rusa.
Nuland, y con ella los “halcones” de Washington, son la expresión más radicalizada y violenta del imperialismo en la actual fase de declinación.
La construcción ad hoc de la crisis ucraniana no cesa. Indiferente a la labor de mediación de Francia, presidente de turno de la UE, y a las conversaciones en curso entre los países implicados desde 2014 en el reajuste de la zona, Estados Unidos eleva la tensión más allá de los niveles de guardia.
En 2014 la embajadora estadounidense para asuntos europeos Victoria Nuland, hablando en privado sobre la necesidad de cambiar el Gobierno de Ucrania, dijo “que le den a la Unión Europea” («fuck the EU»). El embajador de EEUU en Kiev contestó: “Exactamente”.
La embajada de Rusia en Washington advirtió este 1ro. de febrero que «las amenazas de nuevas sanciones de Estados Unidos contra Rusia no nos van a obligar a retroceder ni a quedarnos quietos».
Andaban ciertos círculos políticos y periodísticos occidentales especulando sobre el silencio de China en la crisis entre EEUU y Rusia, con la OTAN y la UE –que son lo mismo hasta que se demuestre lo contrario- de polichinelas y comparsas.