Aunque no haya ningún argumento económico que lo justifique, el Gobierno quiere imponer una nueva regresión social en materia de pensiones. Trabajar cada vez más tiempo equivale a poner en tela de juicio el gran avance civilizatorio que ha hecho que la jubilación deje de ser la antesala de la muerte para convertirse en un periodo de actividad liberado del yugo del capital.