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Desde el 27 de enero el sociólogo Atilio Borón, teórico actual del Partido Comunista de Argentina, integrante del Frente de Todos, escribió cuatro columnas sobre la crisis provocada primero por la amenaza y luego la concreción, de la invasión de Ucrania por parte de Rusia.
Una hipótesis de base que puede resultar gratuita —al menos para las inteligencias preclaras en nómina del sistema— es que una elite superior a todas las elites mediáticas conduce los destinos del mundo, y esta es la superelite del poder capitalista. Todo sistema está dirigido a una finalidad debidamente ordenada siguiendo unos principios que le imprimen carácter, con lo que la dirección en cualquiera de sus formas es imprescindible.
Las principales plataformas mundiales, como las redes sociales se han autoproclamado jueces de la verdad mundial.¿Por qué cuatro o cinco poderosos CEOs de mega empresas se autoproclaman guardianes de la verdad?
Las muertes causadas por la covid-19 son cuatro veces más en los países pobres que en los países ricos, según han informado Oxfam Intermón y la Alianza People’s Vaccine, cuando se cumplen dos años de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara el incio de la pandemia.
Aún no tenemos todas las piezas y quizás será imposible tenerlas. El mundo se reconfigura y para peor, o al menos da esa impresión. Hay quienes hablan, y no parece faltarles razón, de que hace tiempo estamos en una tercera Guerra Mundial, esta vez en cuotas y por mecanismos novedosos.
El paradigma bélico se impone como prioridad “civilizatoria”
Ante innumerables artículos y reportajes sobre la situación que envuelve a Rusia, Ucrania, Alemania y la OTAN entre otros, plasmo algunas consideraciones en torno a este conflicto, que según algunos alcanzaría altura de guerra mundial, incluida la temible fase nuclear.