Oregon tiene una fuerte y fea historia de racismo. Es una historia en que nuestros ancestros participaron, como pioneros en la etapa más brutal del colonialismo, cuando arrebataron estas tierras a los pueblos indígenas. A pesar de ser una ciudad progresista en un estado demócrata, el abuso de la fuerza por parte de la policía ha sido una constante y ha cobrado muchas vidas, sobre todo entre la relativamente pequeña población afroamericana.