Los detalles son el acelerante de los tiempos convulsos. Lo que suele carecer de importancia o, aun teniéndola, apenas se la damos, se vuelve decisivo cuando la estabilidad se ve conmocionada por la inercia del cambio. No sean crédulos y exijan siempre apellidos a las palabras: la estabilidad no parece tan deseable si hablamos de una dictadura, el cambio no tan apetecible si varía nuestra ruta y nos conduce al precipicio. Tiempo y lugar, punto de partida y de llegada, posibilidad y deseo, en definitiva, contexto, para entender que un árbol con las raíces débiles caerá ante la más leve brisa.