El encanto de la privatización, como el salvador de la crisis capitalista, no es sino una leyenda ficticia cuyas consecuencias son sólo el empobrecimiento creciente de los obreros y trabajadores y la destrucción del medioambiente y la naturaleza.
El encanto de la privatización, como el salvador de la crisis capitalista, no es sino una leyenda ficticia cuyas consecuencias son sólo el empobrecimiento creciente de los obreros y trabajadores y la destrucción del medioambiente y la naturaleza.
Las profecías sobre el “Nuevo Siglo Americano” han quedado atrás y la reemergencia de la República Popular China, no solo como potencia económica sino también como actor global, es incuestionable.
La invasión rusa de Ucrania es una muestra de su imperialismo. Pero el imperialismo es también una estructura del espacio mundial dominada por unos pocos países que se apoyan de forma particular en su poder económico y en sus capacidades militares.
El Thingyan es el acontecimiento cultural más importante de Myanmar, marcado por oraciones, limpiezas simbólicas y juegos de agua.
«Se llama ‘vértigo’ a toda atracción cuyo primer efecto sorprende y desorienta al instinto de conservación».
No cabe duda de que se han cometido atrocidades en Ucrania, al parecer, aunque no exclusivamente, por parte de las fuerzas de ataque rusas, y en un mundo perfecto, los que actuaron así serían considerados responsables.
La foto que decidimos publicar el domingo [3 de abril] en portada, con los muertos de Bucha, y que aparecía en todos los periódicos el lunes, es el símbolo de esta guerra que se ensaña con la población civil de Ucrania.
El ocaso de la Convención de Refugiados de 1951 se está convirtiendo en una realidad del siglo XXI para un número cada vez mayor de países en todo el mundo.
Ni siquiera el 1 % del material militar de la OTAN se utilizará para ayudar a Ucrania, pero la invasión rusa ha proporcionado un pretexto para incrementar masivamente el gasto militar; una gran noticia para las ganancias de los fabricantes de armas.
No queremos un mundo dividido. Queremos un mundo realista: un mundo de la humanidad que se ocupe adecuadamente de la catástrofe climática. Un mundo que quiera acabar con el hambre y el analfabetismo.