En la apertura de las sesiones parlamentarias chinas de este año, al presentar el informe sobre la labor del gobierno ante la Asamblea Popular Nacional, el primer ministro Li Keqiang fue muy comedido en las alusiones a Taiwán, sin apartarse un ápice de los tópicos ni dando pábulo a quienes vaticinaban un endurecimiento: de una parte, más políticas beneficiosas para los taiwaneses; de otra, más vigilancia frente al secesionismo.