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Corrupción y escraches en Paraguay

¿Cuándo sucederá algo así en Costa Rica?

Fuentes: Rebelión

Una noticia que jamás sería publicada en este país, por las razones que todos conocemos, señala en medios extranjeros que en Paraguay al menos ciento quince comercios, que incluyen desde sitios de comida rápida hasta bancos, les negaron la entrada a veintiséis senadores de ese país, porque no desaforaron a un compañero investigado por graves […]

Una noticia que jamás sería publicada en este país, por las razones que todos conocemos, señala en medios extranjeros que en Paraguay al menos ciento quince comercios, que incluyen desde sitios de comida rápida hasta bancos, les negaron la entrada a veintiséis senadores de ese país, porque no desaforaron a un compañero investigado por graves cargos de corrupción y delitos varios, pero que es un personaje poderoso en ese país.

La noche del pasado viernes 16 de Noviembre marcó un hito en la historia paraguaya. Una multitudinaria manifestación auto convocada a través de las redes sociales repudió un segundo blindaje al influyente senador Víctor Bogado para evitar ser investigado por la Justicia y generó una ola inédita de escraches por parte de comercios que cerraron sus puertas a los 23 legisladores que negaron el desafuero.

Un local comercial comunicaba esa misma noche del viernes en un cartel en su entrada: «La casa se reserva el derecho de admisión de los senadores que votaron por el no al desafuero. Por lo tanto no son bienvenidos en este local». Esta iniciativa de cierre de puertas a quienes blindaron a Bogado fue contagiada a otros restaurantes, bares, pubs, shoppings, gimnasios, cines, discotecas, hoteles, hostales, locales de festejos infantiles y hasta galerías de arte y bancos. Eran 115 hasta el momento de la noticia los comercios que se subieron a la ola de repudio a los legisladores quienes en forma corporativa, una vez más, decidieron proteger al senador imputado por la Fiscalía por supuesto cobro indebido de honorarios en calidad de cómplice y por estafa en calidad de autor.

¡Cuán parecido ello a varios casos conocidos de Diputados ante la Asamblea Legislativa Costarricense, que van de hechos delictivos similares hasta el ejercicio profesional ilegal como es el caso del engendro ése llamado Justo Orozco! Pero nuestra reacción se limita a decir: ¡qué barbaridad! Y nada más. Todos calladitos y contentos. Como si no fuera responsabilidad nuestra el poner en esos cargos a maleantes o perturbados mentales.

Este ejemplo de integridad y protesta ciudadana, en esta oportunidad dada por comerciantes de ese país, está muy pero muy lejos de nuestra realidad como nación, que se considera a sí misma democrática, regida por la ley, y de alto nivel cultural, hasta el punto de creernos «la más feliz de mundo». Lo que nadie dice es si esta felicidad es obtenida a base de esfuerzos, solidaridad social, justicia pronta y cumplida, ausencia de distancias aberrantes entre las clases sociales, o la felicidad estúpida de los débiles mentales.

Por el contrario, hemos visto cómo, en la Asamblea Legislativa se refugia más de un delincuente comprobado, quien espera recibiendo dietas y canonjías como si nada, mientras los procesos judiciales en su contra aguardan pacientemente se cumpla el plazo dictaminado por ley para que prescriba la causa, siguiendo el ejemplo dado por la Fiscalía general de la República en el caso de la Conferencia Episcopal. Y por otro lado, cómo, desde la Presidencia de la República se estableció una «red de cuido» de corruptos y delincuentes ubicados en altos cargos de la administración pública, y cómo la señora Presidente de la República, sin ninguna vergüenza, ha defendido lo indefendible, retorcido las informaciones y ocultado lo que debió ser de conocimiento público, al mejor estilo de las mafiocracias conocidas.

Ahora bien, uno se pregunta: ¿por qué esta actitud pasiva, indolente y hasta podríamos decir cómplice de los ciudadanos en general, y de las agrupaciones profesionales, de la cámaras y asociaciones, con respecto de la corrupción rampante? Simple: porque muchas veces son parte interesada en los negocios turbios que se manejan a nivel de los políticos y empresarios que hacen fiesta con los fondos públicos, por un lado, o porque el ciudadano en general está preocupado solamente por su propio bienestar.

Al empresario costarricense, que ya quedan pocos pues todo ha sido comprado por firmas extranjeras, le importa nada la realidad nacional, ya que está solamente preocupado por sus ganancias de corto plazo y de que el Estado sea su aliado y protector, obtener exenciones impositivas y cosas así. El futuro de país a mediano y largo plazo es cosa de otros, de los calenturientos de izquierda -dicen ellos- a quienes no les preocupa la ganancia comercial. Y a los empresarios extranjeros que manejan las grandes empresas que fueron nacionales y luego compradas para formar parte de cadenas pseudomonopólicas, en contra incluso de su credo neoliberal y de libre comercio y competencia, les importa menos aún.

Allí radica nuestra mayor desgracia como pueblo: nuestra indolencia, nuestra indiferencia frente al bien común, nuestra frialdad ante los grandes ideales políticos, nuestro egoísmo aberrante y el egocentrismo de creernos perfectos como nación, cuando somos realmente dignos de lástima. Pero no reconocemos nuestros defectos, y en un acto sublime de hipocresía nos creemos más de otros países del continente.

¡Cuán lejos estamos de una manifestación colectiva como la reseñada por la noticia! Sin embargo, creo que ya hemos tocado fondo y es el momento de pensar muy bien nuestra decisión en las próximas elecciones.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.