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Un repaso somero de la historia nos debería hacer concluir que Adam Smith llevaba razón, pero también nos hará ver con desaliento que somos tozudos en repetir una y otra vez los mismos errores.
Absortos por los devenires de las elecciones de EEUU nos ha pasado desapercibido un hecho de gran magnitud como es el desplome del fracking, aquella forma de extracción de combustibles fósiles que nos quisieron vender. El fracking se desplomaba en EEUU debido a distintos factores como su hiperinflación, la reducción de los propios recursos, la deuda, el efecto de la crisis de la Covid-19 y la crisis de precios que viene sufriendo el mercado del petróleo. Con la quiebra del fracking se multiplican los problemas para la economía de EEUU, para su sistema energético, y por tanto para el mundo, pues el petróleo y ahora el gas también, rigen, como ha quedado demostrado en numerosas ocasiones, la economía mundial. Además ahora las compañías en bancarrota alegan no poder costear los gastos del desastre provocado, dejando detrás un legado económico y ambiental sin precedentes.(1)
Hace unas semanas programamos un seminario sobre género e Inteligencia artificial que, como suele ser habitual despertó las risotadas en las redes. Salió el asunto del algoritmo y el sexismo y ¡qué risa, un algoritmo sexista! Tampoco, más allá de las expertas solemos encontrarnos a muchas feministas preocupadas por esta cuestión que debería ser una preocupación importante por varias razones.
– La Unión Europea busca el incremento de potencia instalada para la electrolización del hidrógeno: de los 60 MW actuales pasaría a los 40.000 MW en 2030.