El senador del Partido Demócrata de EE.UU. Chris Murphy recientemente caracterizó la política de su país hacia Venezuela como un desastre absoluto, dejando claro que el orden político establecido en Washington reconoce la necesidad de un cambio de estrategia.
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Mencioné, en la primera parte de este trabajo, que los hechos que propiciaron la denominada lucha anticomunista, derivada de las consecuencias de la SGM, dieron paso a iniciativas políticas, comunicacionales e incluso militares, en el ámbito de lo que gobiernos como el estadounidense y sus aliados llamaron “la defensa de la democracia” como solían designar, la pugna llevada a cabo contra el bloque soviético.
En el intermedio entre los espectáculos de las convenciones nacionales del duopolio político nacional, la letra que tal vez mejor resume el momento es la del coro de «Getting Better» de los Beatles: tengo que admitir que está mejorando, un poco mejor todo el tiempo (no podría empeorar más…).
En Estados Unidos, la educación universitaria se ha convertido en una costosa mercancía, ofrecida tanto por las universidades estatales como por las privadas. Eso no siempre ha sido así, sino que ha sido resultado del neoliberalismo educativo, que fue impulsado primero en el Estado de California por su gobernador, Ronald Reagan, durante el período 1967-1975, y que después se extendería a todo el país.
El caso de Jacob Blake, baleado por la espalda el domingo, detonó fuertes protestas, con autos incendiados y vidrieras rotas. Los policías fueron suspendidos.
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández
En los últimos meses, el Departamento de Estado ha desatado una ingente batería de iniciativas, en abierta coordinación con las élites locales, para interrumpir la reconfiguración de un bloque soberano de la hegemonía corporativa y financiera, apadrinada por las delegaciones diplomáticas de Washington.
Angela Davis reflexiona sobre la consigna “Desfinancien la Policía” y la construcción y los próximos pasos del movimiento Black Lives Matter.
Existen conceptos, asumidos por políticos, dirigentes y líderes de ideologías mesiánicas y supremacistas, que sirven para sostener una doctrina de dominio, colonización y ocupación de territorios o ejercer determinada hegemonía sobre otros pueblos, basado en la idea de un Destino Manifiesto, bajo la consideración de ser un ilusorio pueblo elegido, que les daría potestad sobre una tierra prometida por un Dios exclusivo y excluyente. En este marco es posible situar tanto al imperialismo estadounidense como al sionismo.