Estamos viviendo jornadas históricas. En Estados Unidos una rebelión contra el racismo sistémico desatada a partir del asesinato de George Floyd ha adquirido una extensión y fuerza no vista en décadas. El inmenso despliegue represivo no ha logrado contenerla. Por el contrario, la protesta ha generado quiebres y tensiones en las más altas cúpulas del poder del estado
Categoría: EE.UU.
El asesinato policial de George Floyd ha provocado un levantamiento antirracista y antifascista en Estados Unidos, que retoma el Black Lives Matter puesto en marcha en 2013 tras el asesinato por un disparo policial en el pecho del adolescente Trayvon Martin, y que cobró fuerza en 2014 tras ser abatido a tiros en Ferguson, también por la policía, Michael Brown.
En tiempos de luto y malestar social, más que opinar, mejor nos vale escuchar a los que protestan pacíficamente. Es lo mínimo que podemos hacer. Por eso, esbozo algunos breves apuntes y dejo que las palabras de nuestros hermanos afroestadounidenses hablen por sí mismas.
Las comunidades de color, que ya venían golpeadas por el desproporcionado impacto que la pandemia de coronavirus tiene sobre ellas, explotaron en protestas masivas. En medio de la doble pandemia de COVID-19 y violencia policial, el asesinato de George Floyd desencadenó una amplia y diversa rebelión contra el flagelo del racismo sistémico.
«Tanto los republicanos como los demócratas siguen convencidos de que la función principal de la policía es arrestar a quienes infringen la ley», dice Nolan. Y agrega que la ley de cero tolerancia implica que han forjado una cultura en la que todo el «mundo parece sospechoso, especialmente en los barrios donde viven las minorías, donde la policía considera que toda la gente negra es delincuente o delincuente potencial».
Los defensores de derechos humanos como la Alianza de los Derechos Humanos de los Ángeles y distintas ONG levantan la voz reclamando al gobierno del estado de California y al federal un programa de reinserción social para indigentes.
El asesinato de George Floyd enarbola el ejercicio de la brutalidad o abuso policial en Estados Unidos como praxis de un sistema que ha venido institucionalizando la ideología del racismo, bajo el subterfugio de que la población autoidentifique su procedencia étnica.
Los disturbios raciales son recurrentes en Estados Unidos. La historia que abre este artículo describe el inicio de los disturbios tras el asesinato de Martin Luther King, en 1968. La segunda son los compases iniciales de los gigantescos disturbios tras el caso Rodney King en 1992.
Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo
El asesinato de Floyd no es un hecho fortuito. El año pasado 1.099 personas fueron asesinadas por la policía en Estados Unidos, de las cuales muchísimas eran negras. El 99 % de estos asesinatos están en la más escandalosa impunidad. Una tasa alarmante que compite con las cifras de otras “lumbreras” de los derechos humanos como Colombia. Esto demuestra que la violencia policial, lejos de ser una anomalía, es aupada por las élites de los EE.UU., tanto por republicanos como por demócratas.