Se invoca la democracia como legitimidad moral en la guerra, mientras que la autoridad de Irán descansa sobre unas complejas bases políticas, religiosas e históricas.
Se invoca la democracia como legitimidad moral en la guerra, mientras que la autoridad de Irán descansa sobre unas complejas bases políticas, religiosas e históricas.
La guerra la libran cada vez personas y cada vez más algoritmos. En Irán vemos que la inteligencia artificial acelera el ritmo de destrucción a una velocidad sin precedentes, con todos los problemas morales que ello conlleva.
En flagrante violación de todas las normas del derecho internacional, el imperialismo pretende ahora abolir la propia noción de soberanía del Tercer Mundo, como resulta evidente en el bombardeo de Irán por parte de Estados Unidos e Israel, con el objetivo explícito de efectuar un “cambio de régimen”.
El debate sobre el actual ataque contra Irán suele girar en torno a la pregunta de si Estados Unidos volverá a sufrir una pérdida de prestigio en Oriente Medio. Pero es unaa pregunta equivocada. Debemos mirar quién ha promovido esta guerra durante décadas y qué gana con ella.
En un libro publicado en 2012 (¿Por qué fracasan los países?, Deusto, 2012), Daron Acemoglu y James Robinson utilizaban la historia económica para aportar una reflexión particular sobre el origen de la decadencia de las naciones.