El reciente proceso de destitución de la Primera Ministra de Bangladesh, Sheikh Hasina, que a lo largo de un mes fue desde manifestaciones cada vez más numerosas y violentas -al punto que el 5 de agosto el ejército terminó de quitarle el respaldo- no puede leerse fuera del contexto de las operaciones que Estados Unidos está ejecutando en la región con un único objetivo: cercar y provocar una reacción violenta de China.