La derrota del presidente Donald Trump en las elecciones del 3 de noviembre es un hecho irreversible. Fue lograda por la alianza tácita de fuerzas sociales diversas y hasta antagónicas, que hacían imposible la reelección del magnate.
La derrota del presidente Donald Trump en las elecciones del 3 de noviembre es un hecho irreversible. Fue lograda por la alianza tácita de fuerzas sociales diversas y hasta antagónicas, que hacían imposible la reelección del magnate.
Nos arrancan un centenar de derechos conquistados para luego devolvernos uno, con un no tan sofisticado malabarismo, y nos inyectan luego la falsa sensación de que ¡lo hemos conseguido! «¡Yes we can!» sin tocar ni un pelo del estéril sistema: espejismo como táctica y estrategia.
La gente de izquierda pasa mucho tiempo discutiendo –y con razón– qué debería hacerse con el Partido Demócrata. Pero primero es necesario entender qué es en realidad el Partido Demócrata. Una pista: es mucho más complejo de lo que parece.
Ponernos en guardia y recordar que con Trump o con Biden seguimos a merced de la voracidad imperial por nuestros recursos naturales.
Que festejemos la derrota de Trump no implica apoyar o tener alguna expectativa en Joe Biden.
Un recuento de votos sería absolutamente necesario en los seis estados en disputa: Wisconsin, Michigan, Pensilvania, Georgia , Nevada y Arizona. Esa decisión la debe tomar el Departamento de Justicia. Pero no lo hará.
La propuesta Biden/Harris se ha ido construyendo por oposición, atrapando perfiles de votantes, sumando expectativas sociales y traduciéndolas en votos. Biden-Harris representan lo que Nancy Fraser ha llamado el «neoliberalismo progresista».
Nadie tenía dudas de que nada iba a cambiar para América Latina y el Caribe si Donald Trump lograba su reelección. El triunfo de Joe Biden abrió la caja de una cantidad de interrogantes: entre ellas, si logrará asumir el mando y para qué lo asumirá. La gran ventaja que tiene ante su predecesor es que al menos sabe dónde queda su patio trasero.
Este artículo plantea que habría que preguntarles a los cientos de miles de cadáveres, a los ejércitos de niños huérfanos y a los esclavos subastados en la costa libia quién de los dos candidatos representa un peligro mayor para la paz mundial.
«La libertad nunca es voluntariamente otorgada por el opresor; debe ser exigida por el oprimido» -Martin Luther King