Rodolfo Bueno | 

Los historiadores del futuro compararán la toma de la Bastilla con la pasada irrupción en el edificio del Capitolio de Washington y sus conclusiones dependerán de cómo se desarrolle la crisis política de EE.UU. Aunque estarán de acuerdo en una cosa, en que no era una lucha entre los candidatos Trump y Biden ni tampoco entre los partidos Demócrata y Republicano, sino que se trataba de un problema mucho más profundo, el conflicto entre tres grandes sectores del poder mundial: el internacionalista, el nacionalista y las corporaciones de la tecnología informática.

El golpe que Donald Trump le ha dado al mito de la democracia norteamericana es enorme y lleno de consecuencias en la actual coyuntura internacional

El origen de los conflictos políticos es de índole económica; reside en las desigualdades económicas.

Si no se cuestiona -desde la izquierda estadounidense y mundial- el poder de las corporaciones que manejan las redes sociales, nada evitaría que estas corporaciones coloquen en el mismo saco a las protestas del movimiento Black Lives Matter (BLM) y al supremacismo blanco.

Si el mandato de Trump fue abominable, el de Biden no lo será menos. Recordemos la guerra en Siria, la liquidación de la primavera árabe y la invasión de Libia, promovidas y gestionadas por el equipo que ahora retorna a la Casa Blanca.

Ángel Guerra Cabrera | 

En Estados Unidos priman las condiciones ideales para el florecimiento de líderes demagógicos, puesto que el Partido Demócrata le ha vuelto la espalda a la clase obrera blanca.

Sería más esclarecedor si quienes hablan de «repúblicas bananeras» reconocieran que tanto Trump como las «repúblicas bananeras» de América Central son productos del poder y el militarismo de Estados Unidos.

Jorge Majfud | 

Síntesis para comprender los eventos en Estados Unidos desde su raíz

No hay tal cambio de época, solo un cambio de matiz pues el Partido Demócrata -al igual que el Partido Republicano- sirve a los intereses estratégicos del capital, las empresas y la clase dominante estadounidense.

El neoliberalismo, impuesto a sangre y fuego desde la presidencia de Ronald Reagan en la década de 1980, benefició a una pequeñísima elite en detrimento de las grandes mayorías.