En algún momento deberíamos comprender que la crítica no es solo éticamente defendible, sino políticamente decisiva para forjar las fuerzas del cambio. No se consigue avanzar en esa dirección eludiendo debates.
En algún momento deberíamos comprender que la crítica no es solo éticamente defendible, sino políticamente decisiva para forjar las fuerzas del cambio. No se consigue avanzar en esa dirección eludiendo debates.
El artículo que he seleccionado describe adecuadamente la situación pre-bélica de ese momento -enero de 2022- que terminaría poco después con el inicio de la guerra ruso-ucraniana. Registra el incremental y paulatino despliegue de fuerzas de Estados Unidos y sus socios de la OTAN en el Mar Negro desde 2019 en adelante. En 2020 hubo ocho ejercitaciones de EE.UU./OTAN, que pasaron a ser 15 en 2021. En fin, la nota patentiza un despliegue de fuerzas y una actitud bélica de Washington que se mostró poco menos que en las narices de Moscú. Hasta allí llega. Ya sabemos lo que siguió después: una guerra por delegación que Estados Unidos le enjaretó a Kiev, que colocó inevitablemente a Rusia como país agresor. Quizá una cínica paradoja de la Historia.
Un informe del Instituto Trasnacional señala que la relación entre guerra y clima es evidente.
Las negociaciones para un alto el fuego en Ucrania no parecen estar ni a punto de nacer, pero de hecho todo el mundo sabe que desde hace tiempo Estados Unidos, ante la insostenibilidad militar y financiera del enfrentamiento entre Ucrania y Rusia, ha dado luz verde a la CIA para iniciar negociaciones con diversas mediaciones, última de ellas la de India.
Resulta absolutamente abominable el curso que está tomando la política internacional y la actuación de las potencias occidentales y sus aliados, magnificada por mass media convertidos en medios de desinformación y manipulación.
Lo que me llama la atención en los debates sobre la guerra en Ucrania es la ausencia del pueblo ruso. Por supuesto, los ucranianos son las víctimas y deben ser el centro de atención. Sin embargo, es poco probable que la guerra se pare sin la participación del pueblo ruso.
En EE.UU. los «demócratas» se posicionan como el partido de la virtud, encubriendo su apoyo a la industria bélica con un lenguaje moral que se remonta a Corea y Vietnam.
Es difícil imaginar que alguien sobre la tierra no haya sabido del Mundial de Fútbol de Qatar 2022 que acaba de finalizar apenas una semana atrás. Quizás algunos pocos, muy pocos por cierto, desconozcan el resultado final y seguramente la enorme mayoría de los terrícolas hemos seguido las contingencias de más de uno de sus 64 partidos.