Falleció Mijaíl Gorbachov, considerado el mayor responsable de la disolución de la Unión Soviética y el Campo Socialista de Europa.
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Las sangrientas intervenciones norteamericanas, no importa en qué país, siempre, absolutamente siempre, apuntan a empeorar la situación por mala que fuera en su origen. Los ejemplos abundan y solo con ponernos un límite podríamos nombrar Somalia, Afganistán, Irak y Libia, aunque la lista podría extenderse en el mapamundi como un tsunami de sangre.
Para cualquier observador serio y atento de la historia, la Rusia de hoy no es de ningún modo idéntica a la Unión Soviética de ayer.
Es el «viejo» el surgido después de la Segunda Guerra Mundial, hegemonizado por Estados Unidos, en particular luego de la implosión de la URSS; y «nuevo», el que comienza a hacerse más que evidente con la respuesta de Rusia a las provocaciones de EE. UU., la OTAN y sus aliados que llevaron al comienzo de la guerra en Ucrania.
La visita de la Presidenta de la Cámara de Representantes de los EUA, Nancy Pelosi a Taiwán el día 2 de agosto no fue un acto casual ni menos una inadvertida “gaffe diplomática” de los Estados Unidos.
En el año 2021, Vietnam logró “el doble objetivo” de controlar con éxito la pandemia de Covid19 y reactivar la economía.
Gorbachov, presidente de la Unión Soviética durante sus últimos siete años de existencia, murió en Rusia a los 91 años, por problemas renales. Durante su gobierno lanzó reformas para lograr la «glasnost» (apertura) y la «perestroika» (reestructuración), que marcaron uno de los tránsitos más decisivos del mundo contemporáneo, que ayudaron a desencadenar la disolución de la URSS y su propia expulsión del poder.
El poder estadounidense utiliza a la Organización del Tratado del Atlántico Norte, OTAN, como aparato armado para perpetuar su hegemonía. Sube el nivel de las provocaciones hacia China en un momento en que Ucrania es escenario de guerra.