Pakistán se bate con las consecuencias de la monstruosa crisis climática que a la velocidad del rayo se cierne también sobre el resto del mundo, primero lidiando con olas de calor desconocidas que terminaron de manera brutal con la primavera, lo que causó un magro rendimiento de los cultivos e incrementó el derretimiento de sus glaciares. Todo ello combinado con la temporada de los monzones, que todavía no ha terminado, hicieron que este año las lluvias no solo fueran más extensas en el tiempo, sino también mucho más virulentas.