Para delimitar las responsabilidades del incremento de la tensión militar solo hay que fijarse en dos cosas: la iniciativa y la geografía.
Para delimitar las responsabilidades del incremento de la tensión militar solo hay que fijarse en dos cosas: la iniciativa y la geografía.
Popularizada con la expresión Chináfrica, la expansión meteórica de la presencia china en África desde hace una veintena de años forma parte de las nuevas realidades geopolíticas.
El peligro, o uno de ellos, consiste en no ver con claridad la historia criminal que nos precede, bajo la que vivimos, y que si Biden gana el pulso, se agravará ahora.
Si leemos más allá de los titulares, resulta que la supuesta retirada de Afganistán de Joe Biden no es nada de eso: retrasa el final de la guerra al tiempo que prevé la continuación de la acción «antiterrorista» sin un final a la vista.
La delicada jugada de los EEUU de retirarse de Afganistán muestra claramente el grado de saturación del pueblo norteamericano de seguir financiando la guerra más larga que han mantenido.
Soldados indignados debido a los asesinatos de civiles por el régimen temen que sus familias paguen el precio si se unen al Movimiento de Desobediencia Civil (CDM).
En una visita para la prensa, guiada y controlada por la junta militar, el portavoz del ejército se negó a ofrecer un cronograma para las nuevas elecciones y declaró que el estado de emergencia en Myanmar podría extenderse hasta por dos años.
La alta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, instó a los Estados a “tomar medidas inmediatas, decisivas e impactantes para presionar a los líderes militares de Myanmar a detener su campaña de represión y masacre de su pueblo”, en una declaración divulgada este martes 13.
El movimiento revolucionario cuenta con un largo historial de resistencia y lucha.