Miércoles, 15 de diciembre de 1976. El país afronta una jornada histórica tras la muerte del dictador. Más de 36 millones de ciudadanos están llamados a las urnas en el referéndum de la Ley para la Reforma Política, que venía a desmontar la estructura franquista. La norma consiguió un amplio respaldo social. Un 94% de votos a favor. Pero para cuando se conocieron los resultados, lo único que inundaba a la familia Almazán era una inmensa preocupación. El joven Ángel estaba ingresado en el hospital tras su participación en una de las manifestaciones a favor de la abstención. Tenía la cabeza destrozada tras la intervención policial. Cinco días después, el estudiante falleció. Nunca se hizo justicia. El caso no tardó en ser guardado en un cajón. «Los que murieron a manos de la policía durante la Transición fueron ninguneados», se queja su hermano Javier, que este miércoles ha interpuesto una querella criminal contra el entonces ministro del Interior con el objetivo de que se depuren responsabilidades de una vez por todas.