Se está proyectando la película «Argentina 1985», basada en los hechos reales que supusieron el enjuiciamiento de los criminales militares que impusieron una dictadura en aquel país en marzo de 1976 (por cierto, el entonces monarca Juan Carlos I ordenó que España fuese el primer país en reconocer el régimen de Videla).
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En 1998 el Gobierno de Aznar privatizó el mercado del suelo. Entonces se necesitaban 2,8 años de rentas familiares para comprar una vivienda. Hoy, sin medidas contundentes contra el lucro continuado, más de 7 años
“El discurso de la imposibilidad de cambiar el mundo es el discurso de quien, por diferentes razones, aceptó el acomodamiento, incluso para lucrar con él. El acomodamiento es la expresión del abandono de la lucha por el cambio” (1).
Un gran número de instituciones privadas y públicas, estatales e internacionales, defensoras del orden social neoliberal insisten en que, en el contexto del pacto de rentas para hacer frente a la inflación, es necesario contener los salarios, suspender la revalorización de las pensiones e introducir reformas que reduzcan las pensiones iniciales. Sus argumentos sobre la excesiva generosidad del sistema de pensiones no se sostienen.
España es uno de los países más seguros de Europa –y del mundo–, y sin embargo, tiene una de las poblaciones reclusas más numerosas del continente, por encima de la media europea en número de presos y en el tiempo medio que pasan privados de libertad.
Se ha celebrado en Andújar el XVII Congreso de la Fundación Blas Infante, con el título general de El Andalucismo hoy.
Desde hace una quincena de años, con la crisis socioeconómica y su gestión regresiva por el poder establecido, se ha incrementado la desigualdad social en distintas esferas, acompañadas de amplio malestar popular.
Había una vez un grupo de Funky Punky Glamour, de Tenerife, llamado familiarmente Las Monjas. Su nombre era, en realidad, más largo, y tenía la forma de una pregunta: “¿de dónde vienen las monjas si no pueden tener hijos?”.
La búsqueda de nuevas fronteras para la acumulación de capital a escala global, traducida ahora en el auge de la digitalización y en un simulacro de “transición hacia energías renovables” pretendida sin abandonar la lógica del lucro, han intensificado los requerimientos de materiales y energía en la economía mundial, duplicados desde el inicio del siglo XXI.