Las consecuencias de la contraofensiva que Rusia debió iniciar contra la OTAN en territorio ucraniano, de manera directa o indirecta han producido efectos negativos en prácticamente todo el mundo y quizás cuanto más extremas sean las condiciones de los países, tarde o temprano, más severas serán esas consecuencias, ya que los Estados Unidos, se abroquelan en su ínsula, rodeada de ignorancia e intereses, dejando fuera a sus socios europeos, cada vez más empequeñecidos por las mismas políticas que Washington les ha obligado a seguir ya no solo respecto a Rusia, sino en todas las guerras diseñadas por el Departamento de Estado prácticamente desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
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El gas no es sólo energía, es estrategia, política y diplomacia. Y también, en el futuro inmediato, pura supervivencia de nuestra economía.
Si suficientes gobiernos estuvieran dispuestos a aumentar los impuestos a los más ricos, empezando por un impuesto sobre la riqueza del 2% anual a los millonarios y del 5% a los multimillonarios, sería suficiente para sacar a 2.300 millones de personas de la pobreza…», señala el informe de Oxfam.
La guerra y la historia están entrelazadas. Concepciones enteras de la historia están definidas por el estatus que uno otorga a la guerra en la propia teoría del cambio.
“Un lugar de trabajo equitativo, diverso e inclusivo es un motor clave de la resiliencia y la recuperación y la pandemia covid-19 reveló y exacerbó las desigualdades existentes en nuestras economías y sociedades”
El líder golpista Min Aung Hlaing promete «aniquilar» a las fuerzas de resistencia contra el régimen militar, acabando con cualquier esperanza de diálogo.
A un mes de la incursión rusa el resultado es muy incierto. La ofensiva militar está empantanada luego de la fallida toma del país y la consiguiente supervivencia del gobierno.
Ya lo importante no pasa por la contraofensiva rusa en Ucrania, ni por la cantidad de muertos y mucho menos por la escandalosa cobertura que están dando los grandes medios a este conflicto, sino que se acerca, a velocidad del rayo, a convertirse en una guerra nuclear.
La creciente y probada participación de fuerzas pertenecientes a los países de la OTAN y de la propia Legión Extranjera, que pretende ser independiente pero está a las órdenes de París, revela el carácter internacional de la guerra.