En Europa Oriental estamos asistiendo, por parte de Estados Unidos y sus socios de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) a la más desvergonzada puesta en escena de un clima belicista, contra la federación rusa.
En Europa Oriental estamos asistiendo, por parte de Estados Unidos y sus socios de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) a la más desvergonzada puesta en escena de un clima belicista, contra la federación rusa.
Nuland, y con ella los “halcones” de Washington, son la expresión más radicalizada y violenta del imperialismo en la actual fase de declinación.
La construcción ad hoc de la crisis ucraniana no cesa. Indiferente a la labor de mediación de Francia, presidente de turno de la UE, y a las conversaciones en curso entre los países implicados desde 2014 en el reajuste de la zona, Estados Unidos eleva la tensión más allá de los niveles de guardia.
En 2014 la embajadora estadounidense para asuntos europeos Victoria Nuland, hablando en privado sobre la necesidad de cambiar el Gobierno de Ucrania, dijo “que le den a la Unión Europea” («fuck the EU»). El embajador de EEUU en Kiev contestó: “Exactamente”.
La embajada de Rusia en Washington advirtió este 1ro. de febrero que «las amenazas de nuevas sanciones de Estados Unidos contra Rusia no nos van a obligar a retroceder ni a quedarnos quietos».
Entre el concierto de calamidades globales la Organización de las Naciones Unidas señaló recientemente, mediante su Secretario General, las que considera las cinco más grandes emergencias
«La OTAN se está resquebrajando: los croatas ya dijeron “no, gracias”, los franceses y los alemanes no quieren cometer “seppuku” o harakiri, los búlgaros exigen detalles y garantías y los parlamentarios franceses discuten si quedarse o salirse de OTAN»
Mientras la OTAN se reúne para discutir la tensión en la frontera rusa con Ucrania, y los periódicos se llenan de denuncias de la agresión de Putin, todavía encuentro útil volver al marco que desarrollé en Crashed para analizar la intersección de la geopolítica y la economía y el surgimiento de Rusia como desafío. Este marco consta de tres proposiciones básicas.
En octubre de 2021, Shavkat Mirziyoyev ganó las elecciones presidenciales en Uzbekistán, treinta años después de su independencia, proclamada en 1991 durante el caos creado en los últimos meses del gobierno de Gorbachov, que culminaron con el golpe de Estado de Belavezha de Yeltsin, Kravchuk y Shushkévich.
No es exagerado decir que lo que ocurre actualmente en el corazón del continente europeo nos sitúa en el momento más peligroso de la historia contemporánea y el más cercano a una tercera guerra mundial desde la crisis de los misiles soviéticos en Cuba en 1962.