La asunción de la presidencia por Ebrahim Raisi esta semana coincide con uno de los momentos más delicados de Irán, tanto en el interior como en sus relaciones con EEUU y en las negociaciones para la vuelta al acuerdo nuclear. Raisi tiene que adoptar inmediatamente decisiones difíciles en un país sacudido por las protestas, acosado por Israel y con una economía necesitada con urgencia de oxígeno.