Desde hace varias décadas el rock, las drogas y el fútbol, a los que ahora podríamos sumar las redes sociales (ordene a su antojo estos cuatro jinetes del apocalipsis), son los pocos espacios que el sistema ha acondicionado para que los atribulados ciudadanos de estos tiempos podamos acomodar, aunque sea por un rato, nuestros fracasos y frustraciones para descansar el agobio, de saber que esa bestia sanguinaria llamada realidad nos espera allí afuera para seguir devorándonos.