Antes del 1 de septiembre de 1939, fecha del inicio de la Segunda Guerra Mundial, Alemania, Italia y Japón iniciaron sus planes de dominio mundial; también, Francia y Gran Bretaña propugnaron una política de apaciguamiento, que condujo al abismo.
Antes del 1 de septiembre de 1939, fecha del inicio de la Segunda Guerra Mundial, Alemania, Italia y Japón iniciaron sus planes de dominio mundial; también, Francia y Gran Bretaña propugnaron una política de apaciguamiento, que condujo al abismo.
“Oh, qué enredada telaraña tejemos cuando practicamos el engaño por primera vez”, dice el poeta escocés Walter Scott en un poema que ya tiene más de dos siglos, pero que funciona muy bien para explicar cómo la búsqueda de la ventaja nacional y la ganancia privada han socavado el interés público y el bien común.
En el futuro los historiadores podrían escribir que llegó el día en que el imperturbable Ministro de Relaciones Exteriores ruso, Sergei Lavrov, decidió que había tenido suficiente: “Nos estamos acostumbrando al hecho de que la Unión Europea está tratando de imponer restricciones unilaterales, restricciones ilegítimas y partimos del supuesto que en esta etapa la Unión Europea es un socio poco confiable”.
«Vi a estas tropas de la Guardia Nacional en una esquina normal de una calle de Washington (…) me recuerda a las zonas de guerra que vi en Bagdad, Mosul o Faluya», tuiteaba la estrella de la CNN Wold Blitzer cuando los días anteriores a la investidura de Joe Biden la capital de los EE.UU. se llenó de reservistas que debían asegurar una transición pacífica del poder presidencial.
“Esta carretera es mi casa ahora y decidirá mi futuro”, dice Sukhvinder Singh, un agricultor de 27 años del distrito de Moga, en el estado de Punjab, quien forma parte de los cientos de miles de productores que desde noviembre se concentran en Singhu, una localidad de la periferia de Nueva Delhi, para exigir la derogación de las tres nuevas leyes agrícolas.
El lunes 8 de febrero por la mañana, por tercer día consecutivo, decenas de miles de personas se reunieron en Naypyidaw (capital política) en un movimiento de huelga. Según la BBC birmana, en otras ciudades como Mandalay y Yangon (antes Yangon), un número significativo de personas se manifestaban en las calles.
¿Qué hará Joe Biden con China? Se diría que es la incógnita más inquietante en la política mundial. Está descartado que imite el modus operandi de Donald Trump. También el retorno a una especie de tercer mandato de la era Obama. Las indicaciones generales parecen claras: mantener el fondo y cambiar las formas, pero incluso admitiendo esto, el marco de elasticidad es tan grande que multiplica el valor de los matices.
El 22 de enero entró en vigor el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPNW por sus siglas en inglés), una vez pasados 90 días desde que se alcanzaron las 50 ratificaciones.
A diferencia de lo ocurrido al inicio de la pandemia con la distribución de mascarillas, con las vacunas, China se ha mostrado básicamente prudente. No solo tomaba nota de que los países más desarrollados de Occidente optaban por “sus” farmacéuticas sino también reconocía los problemas de credibilidad de sus productos ante importantes segmentos de la opinión pública.
Mientras los países ricos acaparan la mayor parte de las vacunas a través de opacos contratos comerciales con los fabricantes, varios actores internacionales advierten de los graves peligro que implica desatender a los más pobres.