La pandemia no sólo ha provocado millones de muertos y una gravísima crisis económica. También profundiza las brechas sociales. Por un lado, crea nuevas desigualdades, como el acceso a la vacuna: mientras que en Estados Unidos el 56% de la población fue vacunada con una dosis, en los países de África el porcentaje es menor al 2%. Por otro lado, acentúa problemas previos, como la incidencia del desempleo en los sectores de menores ingresos y menos educados. Para enfrentar estas fracturas es necesaria una enérgica acción internacional en la distribución de las vacunas y políticas más amplias de contención social.