A finales del mes pasado, oficiales extranjeros con uniformes militares de gala brindaron con sus huéspedes en Naypyitaw, la capital bunkerizada construida por el ejército de Myanmar. El hielo tintineó en vasos escarchados. Un fastuoso despliegue había sido preparado para los dignatarios extranjeros en honor al Día de las Fuerzas Armadas en Myanmar.