El ascenso de China, Rusia e Iran, además del desarrollo nuclear de la República Popular y Democrática de Corea, los logros tecnológicos y económicos de la República de Corea, muestran nuevos actores en terrenos que hasta ahora estaban reservados solo para las potencias occidentales, exponentes de la civilización judeo cristiana.
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La crisis humanitaria en Myanmar provocada por el intento, hasta ahora fallido, de golpe de estado del General Min Aung Hlaing se agrava día a día. Para las personas fuera del país, la catástrofe humanitaria que se desarrolla en Myanmar es como la explosión de una estrella lejana. Aunque la explosión ya se ha producido, su luz y sus ondas no nos llegan todavía.
La ciudad-Estado, centro offshore, ‘hub financiero’ y enclave portuario de Asia por excelencia se resiste a perder su estatus de paraíso fiscal.
Joe Biden, presidente electo de Estados Unidos en enero de 2021, se estrenó en el cargo con un bombardeo en el este de Siria contra milicianos respaldados por Irán, el 26 de febrero, que se saldó con 22 muertos según el Observatorio Sirio de Derechos Humanos.
La experiencia de India con el COVID-19 pasó de la crisis a la catástrofe durante los últimos meses. La responsabilidad por el desastre corre a cuenta del gobierno de derecha de Narendra Modi, que priorizó sistemáticamente sus propios intereses políticos por sobre la salud pública.
Cada mes, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO por sus siglas en inglés) publica un Índice de precios de los alimentos.
Cerca de 230.000 personas desplazadas desde el golpe de estado en Myanmar por los combates entre el régimen militar y nuevas milicias y ejércitos de minorías étnicas.
Hay diferentes autores que han estudiado el proceso de globalización, cada uno en su particular enfoque.
Contrario al caso de China, EE.UU. no se ha sometido al escrutinio de la comunidad internacional, y no permite que sus doscientos laboratorios biológicos secretos sean investigados.
Desde el golpe de estado, el periodismo está proscrito en todo menos en el nombre, y periodistas y redactores huyen del país o llevan una doble vida para sobrevivir.