La noche del martes 2 y la madrugada del miércoles 3, tras el nuevo golpe militar en Myanmar, se repitieron dos escenas familiares en este país del sudeste de Asia y otro lugar opuesto del mundo.
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En su obra 21 Lecciones para el Siglo XXI, Yuval Noah Harari señala que a finales del siglo XX las democracias superaban a los regímenes autoritarios pues resultaban más eficientes en el procesamiento de la información. La democracia, refería, distribuye el poder para procesar la información y la toma de decisiones entre múltiples centros, involucrando por tanto a diversas instituciones. Los gobiernos autoritarios, por el contrario, concentran la información y el poder en un punto único.
En el capitalismo se acentuó la desigualdad en las últimas décadas, hasta el punto de que 2.150 multimillonarios poseen más riqueza que 4.600 millones de personas (el 60% de la población mundial) y de ellos 8 multimillonarios acumulan más riqueza que 3.000 mil millones de personas.
La carrera global por una vacuna contra el covid-19 ha sido, probablemente, una de las más decisivas y frenéticas de nuestro tiempo.
Las sesiones parlamentarias anuales, de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino y de la Asamblea Popular Nacional, conocidas como “lianghui”, darán inicio en China tras las celebraciones de la Fiesta de la Primavera.
Cuando el mundo se sumerge, cada vez más, en la pandemia de la Covid-19 y el desasosiego se profundiza en las personas. Vivimos hoy en un mundo de incertidumbres, aunque los medios del orbe nos hablan de esperanza.
Las aguas bajan revueltas en el Estrecho de Taiwán. Días atrás, un portavoz de Defensa de China continental advirtió que “la independencia implica la guerra”. No es algo nuevo. Es el espíritu y hasta la letra de la Ley Antisecesión aprobada por el Parlamento chino en 2005.
Un día después del golpe de Estado en Birmania, los expertos se preguntan sobre las motivaciones de los militares y evocan el riesgo del aislamiento internacional, una crisis económica agravada por la pandemia y ver tambalear un sistema político históricamente controlado por el ejército.
La armónica relación entre salud y trabajo se cumple dialécticamente en China y no exige el sacrificio de la primera para “salvar” lo segundo, tal como ocurre mecánicamente en otros países.