Categoría: Mundo
El 22 de marzo de 2018 comenzó una guerra entre las dos mayores superpotencias mundiales. No es ciencia ficción y tampoco una guerra convencional: se trata de una guerra comercial.
La enfermedad de coronavirus desencadenó una emergencia en la salud pública que rápidamente se transformó en una crisis económica mundial. Esto sucedió principalmente por dos motivos. El primero es que a comienzos del año 2020, antes de la pandemia, la economía mundial ya se encontraba en un estado precario. El segundo es que los Estados nacionales tomaron acciones extraordinarias para confrontar la pandemia, trastocando la producción, el comercio y las finanzas.
¿El fútbol como negocio? Las cinco principales ligas europeas generaron unos ingresos de 16.700 millones de euros en la temporada 2018-2019.
David Beasley advirtió que en una docena de países la hambruna está «llamando a la puerta».
«Amazon toma demasiado y devuelve muy poco. Es hora de hacer que Amazon pague». Esas son las palabras de una coalición mundial de trabajadoras y trabajadores de almacenes de Amazon, sindicalistas, activistas por la justicia climática y otras personas que han organizado protestas en todo el mundo este Black Friday para desafiar las prácticas explotadoras y antidemocráticas de uno de los imperios corporativos más poderosos de la humanidad, encabezado por la persona más rica de la historia.
En el momento de escribir estas líneas, el gran drama de las elecciones en los EEUU todavía se está desarrollando. Hay un ganador provisional, y una gran parte del mundo seguramente ha lanzado un suspiro de alivio porque no sea el mentiroso compulsivo, negacionista climático que ha gobernado lo que sigue siendo un imperio imperialista.
Al inicio de la pandemia, cuando todo a todos nos pilló en pañales, la irrupción de las mascarillas chinas en medio mundo fue objeto de críticas por venir acompañada de un ejercicio diplomático que visaba exhibir el poderío chino y el incremento de su influencia estratégica.
La Antártida es el único continente que no pertenece a ningún país, aunque varios reclaman una porción. La Antártida es el continente más frío, seco y ventoso de la Tierra, y eso explica por qué es el único sin una población indígena. Sin embargo, el cuarto continente más grande del mundo -después de Asia, América y África- es uno de los lugares más anhelados del planeta.
El Instituto Tricontinental de Investigación Social conversó con
Martin, que ahora tiene 76 años. Aunque nació en el norte de
Sumatra, ha vivido en Yakarta desde comienzos de la década de
1960. Respondió a nuestras preguntas desde una biblioteca local que frecuenta todos los sábados.