La admiración por la economía china y sus métodos es un rasgo curioso de nuestro tiempo. De Passos Coelho y Portas, que le vendieron con avidez algunos tesoros nacionales portugueses, a algunos líderes de izquierda y economistas insospechados, hay una especie de consenso susurrado que elogia los éxitos chinos como modelo o, al menos, como inspiración.