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El Salvador

De fantasmas a pactos de nación y viceversa

Fuentes: Rebelión

Un fantasma recorre El Salvador: el Fantasma del Alba, dijeron los apologetas del FMLN, tratando de traer de la tumba al viejo Marx. Como si éste no se encontrara ya en las luchas y procesos de reorganización gremial y política (aún dispersos) de la clase trabajadora y del movimiento popular. Olvidaron, sin embargo, nuestros queridos […]


Un fantasma recorre El Salvador: el Fantasma del Alba, dijeron los apologetas del FMLN, tratando de traer de la tumba al viejo Marx. Como si éste no se encontrara ya en las luchas y procesos de reorganización gremial y política (aún dispersos) de la clase trabajadora y del movimiento popular.

Olvidaron, sin embargo, nuestros queridos apologetas, la consecuencia necesaria de tal afirmación: «Contra este fantasma se han conjurado en Santa Jauría todas las potencias…», y por supuesto han quedado deslumbrados unos, luego del proceso electoral, cuando su fantasma se estrella en la espantosa muralla del llamado «pacto de nación», tan alardeado por los máximos dirigentes del FMLN y por los mismos Presidente y Vicepresidente electos: Un pacto de la «izquierda» con los sectores oligárquicos más retrógrados del país.

Otros de nuestros apologetas no han podido hacer más que echarse de rodillas ante el posibilismo: No hay nada más que hacer, dicen; para gobernar hay que negociar, ganamos con un margen muy reducido; la «sociedad» exige parar la polarización, hay que avanzar en los cambios en la medida de lo posible… etc.

La Santa Jauría se desborona de repente, mientras los fantasmas vuelan por el «ojo de la llave». En las cabezas de nuestros «letrados» apologetas no queda más que el ALBA y el FMLN a secas, sin fantasmas ni jaurías, quedan sólo amigos. Desapareció la ANEP y los oligarcas, el G20 y el partido ARENA… Ahora todos vamos a negociar el «pacto de nación».

¿Qué significa este «pacto de nación»?

Más allá de las respuestas vulgares de nuestros apologetas del FMLN, lo que debemos buscar en el fondo de este pacto no es la supuesta gobernabilidad democrática o una inexorable reconciliación de la historia (la cuarta ley de la dialéctica -hegeliana-, como quisiera hacernos creer uno que otro de esos apologetas: Ricardo Ribera, etc.), sino el desarrollo político de una lucha entre facciones de clases; una lucha que nunca fue infranqueable, sino temerosa, que nunca se alzó en toda su potencia sino que se echo a llorar en nombre de la democracia, intentando parir un pacto de nación, que permita, no herir de muerte a los viejos oligarcas, sino negociar una nueva forma de relación con estos, una lucha tímida, miedosa, emprendida por una facción de clase burguesa que se espanta al ver las tareas a las cuales está llamada.

Y Así como la burguesía Alemana de 1848, no hacía sino la parodia de lo que había hecho hace medio siglo la burguesía francesa, así esta facción burguesa del FMLN (con un capital de por lo menos $800 millones y un entramado de empresas), no hace sino caer rendida ante su misma misión. Renuncia como facción burguesa al enfrentamiento a muerte con su enemigo corporativo: la burguesía oligárquica, para pasar a ofrecerle un pacto, disfrazado de pacto de nación, una tregua. Así como la burguesía Italiana septentrional traicionó al movimiento campesino meridional dejándolo a la suerte de los grandes terratenientes semi-feudales; así la cúpula burguesa del FMLN renuncia a su tarea de enfrentar a muerte a la burguesía oligarquía, deja a su espalda a su más natural aliado: el campesinado, para tender la mano a los Poma, Callejas, Murray Meza, Regalado… etc.

Pero hay otros; están nuestros amigos no apologetas del FMLN, pero que no dejan de quedar boquiabiertos ante los llamados de la cúpula «farabundista», a una negociación, a un pacto. Corren estos amigos de las armas teóricas del marxismo, para refugiarse en cualquier otra filosofía posmoderna, posmarxista… o lo que sea.

Son sin duda tiempos de locura, como diría Menjívar Ocho (o tal vez no, ya no estamos seguros). Tiempos de crisis ideológica. Sin embargo no es sino de estos tiempos de donde brotará de nuevo violentamente, irrumpiendo el orden burgués, las luchas por la emancipación total de la humanidad, la lucha por el socialismo y con este por el comunismo.

Alardeas de vuestra estabilidad, de vuestra paz, de vuestro orden; ¡esbirros estúpidos!, diremos, junto a Rosa Luxemburgo: «vuestro orden está edificado sobre arena. La revolución, mañana ya ´se elevará de nuevo con estruendo hacia lo alto´ y proclamará, para terror vuestro, entre sonido de trompetas: ¡Fui, soy y seré!». No serán fantasmas ni pactos de nación sino el puño de la clase trabajadora y el movimiento popular que golpeará con fuerzas las cadenas del vuestro orden burgués.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.