Hace más de medio siglo Henry Kissinger pensó que China, sumido en la pobreza, podía ser absorbido por la ilusión del capitalismo del “Sueño Americano” y convertirse en un Tigre asiático recargado, como la gran fábrica de Occidente y un enorme mercado del futuro. Los chinos, sin embargo, en una brillante estrategia de movimientos tácticos en simultáneo a largo plazo, que la Gran Cábala no entendió en su momento, se convirtieron en la Fábrica-Mundo, lograron la paridad tecnológica, rompieron récords de producción y se embarcaron al comando de la IV Revolución Industrial (Inteligencia Artificial y Computación Cuántica). Ahora son una potencia insuperable y, el nuevo paradigma, al comando de un Nuevo Sistema Mundo.
“Dejen que China duerma, porque cuando despierte, el mundo temblará”.
Napoleón