Para las complejas relaciones entre Islamabad y Nueva Delhi, dos muertes oscuras, u oscurecidas, no es un elemento que alcance a dinamizar una de esas escaladas que aproximen a estas dos potencias nucleares a una nueva guerra, que ya han tenido innumerables “roces” fronterizos, con decenas de muertos, desde la partición de 1947. Comparten una frontera de casi tres mil kilómetros donde falta resolver la cuestión de Cachemira, una herida todavía abierta y sangrante.