La controversia entre Estados Unidos, la OTAN, Ucrania y Rusia no es totalmente nueva. Ya vimos la posibilidad de que se produjeran graves problemas en 2014, cuando Estos Unidos y los Estados europeos interfirieron en los asuntos internos de Ucrania y de forma encubierta o abierta contribuyeron al golpe de Estado contra el presidente elegido democráticamente de Ucrania, porque no jugaba el juego que Occidente le había asignado. Por supuesto, nuestros medios de comunicación aplaudieron el golpe como una “revolución de colores” con todos los oropeles de democracia.