El nuevo orden global posiciona a China como gran potencia mundial. Entre los objetivos sociales y económicos, hay una particular insistencia en el desarrollo de nuevas tecnologías. Esto se puede ver en la joven ciudad de Shenzhen, donde el futuro es el protagonista. En aceleración constante, la ficción y los artistas chinos rebelan un futuro posible después del colapso ecológico.