«No hay un fin de la historia: cada generación. debe afirmar su voluntad y su imaginación ante nuevas amenazas que nos obligan a juzgar de nuevo la misma causa en cada época sucesiva».
«No hay un fin de la historia: cada generación. debe afirmar su voluntad y su imaginación ante nuevas amenazas que nos obligan a juzgar de nuevo la misma causa en cada época sucesiva».
Las secuelas de la derrota en Afganistán aunadas a su crisis estructural, tienen a EEUU sumido en un piélago de bandazos a diestra y siniestra.
Para analizar el derrotero de la rivalidad entre EE. UU. y China, que esta semana tuvo nuevas escaladas provocadas por la principal potencia imperialista, es necesario comprender la naturaleza de las potencias en conflicto. El debate sobre las bases sociales de la formación económico social china está lejos de zanjarse, como ya venimos abordado en Ideas de Izquierda en numerosos artículos. En esta oportunidad discutimos dos libros recientes que exponen posiciones muy disímiles.
La falta de vacunación de la mayoría de los países pobres aviva la pandemia de covid-19. La codicia de los países ricos y los monopolios de las patentes impiden a los países del Sur en desarrollo fabricar de forma asequible los medios para protegerse.
El crecimiento económico y tecnológico de China en los últimos cuarenta años ha sido incomparable. Ese avance estuvo ayudado por la capacidad del país para adaptarse a diversos momentos históricos y entender las necesidades cambiantes del mundo que lo rodea, pero no estuvo totalmente libre de dificultades y contradicciones. En esta nota, el embajador argentino en China, Sabino Vaca Narvaja, analiza pasado y futuro de la gran potencia del siglo XXI.
No hay nada ni nadie con el poder suficiente para silenciar a toda una nación. O eso creíamos. En una verdadera muestra del poder del pueblo, la ciudadanía de Myanmar ha demostrado que sí tiene la capacidad.
Roger Wicker, Senador republicano por el Estado de Mississippi, que prestó servicio activo en la Fuerza Aérea de EEUU, de la que se retiró con el grado de teniente coronel, y a quien, aparentemente, sólo le faltan alas para volar hasta el cielo, pues tiene muchos méritos más como ser el miembro de mayor rango del Comité de Servicios Armados del Senado y del Comité Senatorial de Comercio, Ciencia y Transporte, explica cómo resolvería la crisis de Ucrania.