El 4 de febrero de este año leía al analista internacional indio, el exdiplomático MK Bhadrakumar, quien advertía que EEUU había levantado las sanciones económicas con las que abatía al pueblo de Afganistán desde hace más de 25 años.
Categoría: Mundo
Es imposible no conmoverse ante la atrocidad de la guerra, la violencia de los bombardeos aéreos, el miedo atroz de civiles atrapadxs entre opciones que no son las suyas.
Una nueva guerra en Europa volvió a tirar los dados de la historia. Rusia abrió fuego contra Ucrania. Pero no es una simple invasión. El guerrero sabio no sacrifica un peón para crear fuegos artificiales, lo hace porque ya ubicó todas sus piezas en las casillas correctas y está listo para ganar. China, junto son su aliado simbiótico, aguarda el momento propicio para inaugurar el Nuevo Sistema Mundo Euroasiático.
Después de tantos anuncios del inminente inicio de la guerra, la escalada comenzó en un tono estrambótico: tuvimos un discurso farsa en el Kremlin, un movimiento de tropas en la región dominada por los separatistas prorrusos y las primeras sanciones, pronto criticadas por sus abogados como endebles.
Desde hace tiempo, muchos se preguntan por qué existe una difusa simpatía hacia Vladímir Vladimírovich Putin en figuras políticas e intelectuales de las izquierdas latinoamericanas (también más allá, pero abordarlas requiere matices que están más allá de la necesidad de síntesis de esta suerte de columna/post).
Los neocon de Estados Unidos, en el informe “Rebuilding America’s Defenses”, expresan la esperanza de que una catástrofe comparable a la de Pearl Harbor permita a Estados Unidos obtener la hegemonía global.
El uso que hace el régimen militar de los ataques aéreos contra personas civiles desplazadas en el estado Karenni hace que éstas teman no sobrevivir para ver sus hogares de nuevo.
El enfrentamiento bélico que se desarrolla en Ucrania, guarda estrecha relación con el carácter profundamente contradictorio de la crisis orgánica y estructural que atraviesa el sistema capitalista, acentuada desde la pandemia.
Reconozco que tengo un cierto sentido de culpabilidad ante la invasión rusa de Ucrania. Sentimiento de culpabilidad que me viene por el hecho de haber creído que Putin era un actor racional en las relaciones internacionales, que nunca se lanzaría a una guerra abierta en todo el territorio ucraniano, y que existía una base racional en sus temores ante la expansión de la OTAN.