En 1974 la Argentina era el país más integrado de todo el continente americano, donde menos diferencia había entre el decil más rico y el decil más pobre de la población.
En 1974 la Argentina era el país más integrado de todo el continente americano, donde menos diferencia había entre el decil más rico y el decil más pobre de la población.
La polarización ideológica con componentes afectivos, el descontento generalizado y la polarización en torno de un líder emergente están marcando la política latinoamericana, cuyos electorados, al igual que en otras latitudes, se muestran crecientemente volátiles e insatisfechos.
El Frente Sindical de Universidades Nacionales, la FUA y el CIN acordaron las condiciones de la Marcha Nacional Universitaria del día 23 de abril.
Se disponían a asaltar la Isla Soberana y, para finalizar su instrucción como criminales asistieron, de pie en filas de cuchillo, con ropajes de falsarios soldados, cargando armas de mano, cañones, bombas, para sangrar, pisar y enterrar a Cuba.
El proceso de concentración del poder y de degradación democrática que vive El Salvador tiene como correlato un opaco manejo de los recursos y el debilitamiento de los organismos de control. Con las instituciones cooptadas o neutralizadas y un gobierno que opera con impunidad, Nayib Bukele está lejos de sus promesas electorales de transparencia.
Como toda dolencia, el dengue responde a un sinfín de circunstancias, que van más allá de una causa. Y por eso se habla de explicación en vez de causa, o sea, en su etimología, de exteriorizar el pliegue que encubre los hechos.
Ponencia presentada en el Simposio sobre la Revolución Cubana organizado por el Instituto de Historia de Cuba.
Bajo el capitalismo, los dueños del capital no realizan ninguna rebaja de la jornada laboral hasta que no existen las condiciones materiales para que, resultado del desarrollo del capital constante y fijo (tecnología y materias primas), una disminución de la jornada de trabajo no le ofrezca mayor productividad, y por tanto, mayores ganancias. En otras palabras, el empresariado capitalista no accede a bajar las horas de trabajo hasta que ello no le garantice más utilidades. Y, al parecer, en el caso chileno esas condiciones no existen.