Este aristócrata belga, que fue un joven diplomático en Kinshasa y después en en Brazzaville en el momento de la caza y ejecución del primer ministro congolés en 1961, deberá responder a las preguntas de los jueces por decisión de la Fiscalía de Bruselas. Una auténtica bomba en Bélgica, donde esta persona cercana a Palacio y que parecía intocable ha escalado todos los puestos de la clase dirigente.