La semana pasada, Jair Bolsonaro tomó a los brasileños por sorpresa al anunciar una reforma ministerial más amplia que lo previsto, que incluía la salida del ministro de Defensa. Pero la sorpresa fue aún mayor cuando al día siguiente los comandantes de las tres fuerzas militares renunciaron colectivamente en protesta por la destitución de su exjefe. La distopía brasileña parece no tener fin.