La guerra es siempre la peor de las opciones, y el conflicto actual entre rusos y ucranianos es una verdadera guerra civil: son pueblos hermanos por su historia y los años soviéticos.
Categoría: Europa

El gran mérito de La Francia Insumisa es que ha sabido plantarle cara al populismo de derechas en un territorio social que había colonizado y representado.

En Ucrania, quienes no quieren ir al frente, quienes siguen creyendo en las negociaciones y quienes critican al gobierno de Zelensky no pueden manifestarse públicamente por temor a ser acusados de traidores o prorrusos.
Las guerras son terribles, inhumanas, y crean monstruos. También, convierten a ciudadanos honestos de tiempos de paz en personas extrañas, ajenas, prisioneras de la fatalidad y la desgracia.
Las últimas elecciones presidenciales francesas dejan algunas lecturas que bien vale la pena reseñar y que confirman algunas tendencias que se están viviendo en otras latitudes, entre ellas en América Latina.

Vitaliy Dudin, dirigente de la organización socialista democrática ucraniana Sotsyalnyi Rukh (Movimiento Social), habló desde Cherkasy, Ucrania, el 6 de abril, sobre la crítica coyuntura ucraniana y el papel de la izquierda en la lucha contra la invasión rusa.

Si algo caracteriza la propuesta de Mélenchon es la coherencia entre principios, programa y estrategia. En este sentido no engaña y apuesta por decir la verdad. Se podría exponer del siguiente modo: un programa social y democrático avanzado no es compatible con esta Unión Europea. Dicho de otro modo, la UE es el mayor obstáculo para realizar políticas realmente de izquierdas.

La operación militar rusa, llevada a cabo el 24 de febrero, contra Ucrania ha puesto al mundo en vilo. Y se ha generado una serie de protestas, hipótesis y una infinidad de sanciones contra Rusia.
La continuación de la guerra en Ucrania favorece a Macron, al movilizar la atención de los franceses sobre los esfuerzos diplomáticos de su presidente y no sobre el desolador balance de su quinquenio.

«La UE y Rusia comparten muchos intereses y una cultura común. Por ello, la estrategia de la UE pretende comprometer a Rusia en algunas cuestiones específicas». Leer esta frase hoy puede parecer chocante, mientras las bombas caen sobre Mariúpol, Járkov o Kiev.